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Issue No.46
  • :0973-1172
  • :agosto
  • :2014

La adopción de las Directrices Voluntarias para lograr la sostenibilidad de la pesca en pequeña escala en el contexto de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza (Directrices de la PPE) durante el 31º período de sesiones del Comité de Pesca (COFI) de junio de este año marca un hito en la historia de la pesca artesanal. Es un paso importante, aunque llega con gran retraso, hacia el reconocimiento de los derechos de millones de pescadores, y sobre todo pescadoras, que representan la mitad de la mano de obra del sector, y cuyo trabajo no se reconoce ni valora. El desafío consiste ahora en asegurarse de que las Directrices se adaptan al contexto local y que los Estados adoptan las reformas políticas y legislativas necesarias. También consiste en educar y capacitar a las mujeres de la pesca, para que conozcan las ventajas que las Directrices les ofrecen y se organicen para presionar a los Estados.

Sin embargo, conviene también discutir los continuos cambios en la estructura del sector en general y del artesanal en particular. Actualmente, los jóvenes de las comunidades pesqueras tradicionales de todo el mundo abandonan el oficio de sus mayores para buscar otros más lucrativos en otros sitios. La población de las comunidades pesqueras envejece, sus miembros más ancianos se ven obligados a continuar con la pesca y las faenas anexas, como ocurre con la recogida de ostras en Japón, tema del principal artículo de este número. En estas situaciones ¿pueden las leyes responder a las necesidades de los pescadores que envejecen?

Editorial

La adopción de las Directrices Voluntarias para lograr la sostenibilidad de la pesca en pequeña escala en el contexto de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza (Directrices de la PPE) durante el 31º período de sesiones del Comité de Pesca (COFI) de junio de este año marca un hito en la historia de la pesca artesanal. Es un paso importante, aunque llega con gran retraso, hacia el reconocimiento de los derechos de millones de pescadores, y sobre todo pescadoras, que representan la mitad de la mano de obra del sector, y cuyo trabajo no se reconoce ni valora. El desafío consiste ahora en asegurarse de que las Directrices se adaptan al contexto local y que los Estados adoptan las reformas políticas y legislativas necesarias. También consiste en educar y capacitar a las mujeres de la pesca, para que conozcan las ventajas que las Directrices les ofrecen y se organicen para presionar a los Estados.

Sin embargo, conviene también discutir los continuos cambios en la estructura del sector en general y del artesanal en particular. Actualmente, los jóvenes de las comunidades pesqueras tradicionales de todo el mundo abandonan el oficio de sus mayores para buscar otros más lucrativos en otros sitios. La po

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