Yemaya

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Issue No.36
  • :0973-1172
  • :marzo
  • :2011

Los delegados de la décima Conferencia de las Partes (COP 10), celebrada en Nagoya, Japón, en octubre de 2010, habrán reparado sin duda, el entrar en el centro de conferencias, en la presencia de un grupo de hombres, mujeres y niños blandiendo pancartas y símbolos confeccionados con madera, tela, hojas y ramas, con un mensaje inequívoco: “¡No queremos una central nuclear en nuestra comunidad! ¡Iwaishima contra la energía nuclear!”. El grupo formaba parte de la “marcha de las siete generaciones” y en 45 días había recorrido a pie 800 km para llegar a Nagoya y protestar contra el proyecto de construcción de una central nuclear en un vertedero localizado en el mar interior de Seto, considerado como las Galápagos de Japón. Los habitantes de la zona, los pescadores y los ecologistas llevan tres decenios manifestándose contra la central. La misma oposición se registra en numerosos países. En la India, las comunidades pesqueras lideran las protestas contra la implantación de centrales nucleares en las zonas costeras, resistiéndose a ser desalojadas y a perder el acceso a los caladeros. Sus manifestaciones destacan el posible impacto sobre los recursos pesqueros y la biodiversidad, porque los circuitos de refrigeración toman aguas del exterior, captando así incontables ejemplares juveniles, y sueltan aguas al exterior a elevadas temperaturas, amén del pernicioso impacto de la radiación y, por encima de todo, el miedo a un posible accidente nuclear.

PERFIL

Supaporn Pannarai

Supaporn dirige la Red de Mujeres del Lago Songkhla, fundada para conservar y administrar los recursos naturales de la región


La autora de este perfil es Kesinee Kwaenjaroen (kasineek@gmail.com), de la Fundación para el Desarrollo Sostenible de Tailandia


Supaporn Pannarai es la presidenta de la Red de Mujeres del Lago Songkhla. Nació en 1966 y empezó a pescar a los catorce años de edad, acompañando a su padre en la faena en su isla natal, Ban Chong Fuen, situada en la provincia de Pattalung, en el corazón mismo del lago. Sin embargo, al cabo de quince años, Supaporn se vio obligada a abandonar la pesca porque para entonces apenas quedaba ni un pez en el lago. Según cuenta Supaporn, “recuerdo que cuando era niña en el lago abundaba la pesca y los miembros de la comunidad vivían felices ayudándose unos a otros. Si sobraba el pescado se vendía en los mercados locales y se compartía con los vecinos. Pero ahora el algo ya no tiene esa riqueza y cada vez son más los que se marchan a trabajar fuera”.

¿Cómo se produjo este cambio? La respuesta se encuentra en la historia de